Por Abdul Chaaban *Vcpdte UCLV
A partir del descubrimiento del TNT, primera materia explosiva inventada en la historia de la humanidad, el mundo no se tardó mucho en transformar este descubrimiento –logrado originalmente para facilitar la destrucción de obstáculos en la construcción de vías de transporte- en un arma de destrucción masiva, con el poder de destruir casas y matar a centenares de personas, con sólo una pequeña porción. Desde entonces, ciertos países en el mundo, han tomado la iniciativa en la invención, construcción y uso de las armas de destrucción masiva.
Asimismo, no tardó el mundo –especialmente el occidental- en inventar un arma muchísimo más poderosa y letal, capaz de destruir, ya no casas, sino ciudades, y ya no matar sólo a centenares de personas, sino a decenas de miles de personas. El “primer mundo”, el “mundo civilizado”, fue quien tuvo el honor de inaugurar esta arma diabólica, en los años 40.
A partir de allí, ese mismo mundo civilizado se encontró envuelto en una carrera armamentista, con la participación de varios países, con el fin de ganar la competencia de quien lograría más poder destructivo por arma; es decir, buscando la más maquiavélica “eficiencia” y la más letal “efectividad”.
Bombas atómicas, bombas de hidrógeno, bombas nucleares, son sólo nombres diferentes de un fin común: matar a la mayor cantidad de personas por “bomba” así como destruir la mayor cantidad de bienes e infraestructura, por “bomba”.
La civilidad y la misericordia, características del mundo occidental civilizado, le empujaron a destinar recursos billonarios para inventar aquella bomba inteligente que no destruya infraestructura, sino que sirva “solamente” para matar “gente”. De allí, la dedicación de gigantes recursos económicos para el desarrollo de un arma “sólo-mata-gente” y de armas biológicas y químicas. Una tremenda inversión de valores: esforzarse en cuidar y proteger bienes, en lugar de esforzarse en proteger a la gente.
Actualmente, las naciones del mundo se han dado cuenta de la gravedad y peligrosidad del tema, de allí que casi todos –en estos momentos- están en contra del desarrollo de armas nucleares por parte de Irán y de Corea del Norte. Todos están abocados a evitar, por cualquier medio, que esto ocurra. Esto está bien, y ninguna persona con un mínimo de raciocinio estaría en contra de una medida tan loable como la que consiste en evitar el desarrollo de armas de destrucción masiva. Sin embargo, cualquier persona con un mínimo de raciocinio se preguntaría lo siguiente:
· ¿Porqué tanta oposición al desarrollo de armas nucleares por parte de Irán y de Corea del Norte, habiéndose permitido, al mismo tiempo, que Pakistán y
· ¿Porqué nadie habla del qué hacer con las bombas atómicas, nucleares, biológicas, químicas, y muchas otras, incluyendo las “sólo-mata-gente”, que ya están “guardaditas” en los arsenales de muchos países tales como Estados Unidos, Rusia, China, Inglaterra, Francia e Israel?
· ¿Es factible eliminar este letal arsenal sin afectar a la humanidad y a su medio ambiente?
· Sabiendo que las Naciones Unidas se esfuerzan en inspeccionar a varios países para asegurarse que estos no estén desarrollando armas nucleares u otras armas de destrucción masiva, sin embargo, ¿por qué se dan a la tarea de inspeccionar algunos países y a otros no? ¿Estados Unidos, Rusia o Francia, sólo por citar algunos, estarían dispuestos a ser objetos de inspección por parte del organismo mundial?
· ¿Cómo puede una nación tener credibilidad y legitimidad en su petición de “limpiar” la casa de otros, antes de comenzar por la “limpieza” de su propia casa?
La justicia y la igualdad deben aplicarse, no sólo a nivel de individuos, sino también a nivel de naciones. En lugar de orientar todo el esfuerzo mundial a evitar que un país específico desarrolle armas nucleares, debemos todos alzar nuestra voz exigiendo la eliminación o destrucción de todo tipo de armas de destrucción masiva que exista en los arsenales de todos los países del mundo, sean estos potencias mundiales, potencias regionales, o simples países. Igualmente, debemos exigir una inspección severa, permanente y obligatoria, a practicarse en todos los países del mundo, sin excepción alguna, para destruir las fábricas de armas de destrucción masiva y para que nunca jamás en el futuro de la humanidad vuelva algún país a construir fábricas de tal tipo. Este es el tema; este debe ser el tema. Cualquier otra cosa es desviar –intencionalmente- la atención del mundo del verdadero centro del problema.
*Vicepresidente UCLV
21 de Junio de 2009
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