El Líbano, con su diversidad cultural y religiosa, se ha convertido en la última década en un polo para promocionar los derechos de la mujer con respecto a los demás países en la región.
El país de los Cedros ofrece hoy una buena perspectiva, para valorar la influencia de la religión –cualquiera que sea- en la condición social de la mujer. Aspecto éste que influyó notablemente en la decisión del difunto padre de la Iglesia Católica, Juan Pablo II, cuando define el Líbano: “es mucho más que un país, es un mensaje”
En Octubre del 2009 y por tercer año consecutivo, el movimiento feminista se ha reunido en Beirut en el marco del “Foro sobre los derechos de la mujer en el mundo árabe” presidido por la misma Ministra de Educación, que su paragrafo principal era la exigencia de que los hijos de una mujer obtengan la nacionalidad de su madre, puesto que la Ley de identificación, hasta ahora, solo otorga la nacionalidad por vía paterna.
Desde luego, es de esperar que los resultados de éste movimiento no serán a corto plazo ante la multiplicidad de rostros que conforman el paisaje libanés, y la diversidad religiosa en el que cada una de las caras tiene su jerarquía, sus valores, aspiraciones y confesiones. Por ende, debatir sobre este asunto se puede convertir en una ‘discusión bizantina, lo que justamente ocurrió en las intervenciones de las diferentes damas en la reunión de aquel 15 de Octubre del 2009 al darse disputas sobre la imagen de la mujer árabe, tanto en Oriente como en Occidente.
Sin embargo pensamos que solo el hecho de realizarse el foro como tal, en la Beirut influyente, dará paso a futuras “correcciones” en el estatus jurídico de la mujer árabe en general.
En el Líbano se percibe gran variedad de posiciones que van desde la ultra-liberal hasta la conservadora, así como aquellas posiciones que se ubican perfectamente a la mitad de distancia entre el fanatismo y el liberalismo, y son la inmensa mayoría del país. Para la mujer musulmana suní, ser árabe la lleva a compartir estilo de vida con sus vecinas países sunitas, que a medida del avance tecnológico, y la globalización mundial, van ampliando cada vez más el margen de libertad y decisión propia para la mujer. Por otro lado, para muchas chiitas, llevar el velo es coherencia con el Islam, y se presentan sin complejos en conferencias de alto nivel, y defienden con aplomo sus convicciones. En cambio Para las cristianas, la mujer occidental, con su lote de derechos y deberes, es un objetivo a lograr para los países del Medio Oriente. Por lo que observamos que las pioneras en organizar movimientos feministas, son de confesión cristina generalmente. Ellas prefieren ser comparadas con sus congéneres europeas que con sus coterráneas.
¿Es el Líbano un país árabe?, ¿de cultura oriental u occidental?
La respuesta a esta pregunta ha desencadenado siglos de conflictos y aún hoy en día no se observa una posición común. En amplios sectores de la población musulmana, el país de los Cedros pertenece a los llamados países árabes desde el punto de vista geográfico y cultural. A la vez que amplia población cristina mantiene su legado fenicio como origen del gentilicio libanés y comparte su historia con sus vecinos europeos del Mediterráneo. En realidad podemos decir que ambas presentaciones caben perfectamente dentro de la geografía libanesa, puesto que el Líbano hoy, es una mezcla cultural, unificada en el idioma, provenientes todos de la raza semita oriental, y originarios de los Arameos - Cananeos que habitaron este lado del mundo desde el inicio de la civilización.
Hoy en día, se puede observar que el idioma unifica la cultura árabe, sobre todo a través de la televisión y las canciones que se componen en Beirut, la capital libanesa.
Las emisoras libanesas, llevan a otros países de la región, un modelo de conducta de corte más occidental, incluso las emisoras manejadas por musulmanes. En un conocido programa para reclutar jóvenes cantantes –“Star Academy”– que se produce desde Beirut, la audiencia alcanza a todos los países del mundo árabe e incluso el Norte de África, presentando un modelo de la mujer liberal, en claro contraste con la realidad femenina de la población en los países de mayoría musulmana, lo que genera choques con la sensibilidad de la cultura tradicional de esos lugares.
De todas maneras, poco a poco estas imágenes, que registran gigantesca audiencia desde Beirut hasta todo el Mundo árabe, van cambiando los estilos de vida de muchas personas. Observamos que una mujer iraní en Beirut, puede no llevar el velo islámico, y puede coincidir en el mismo lugar con una compatriota que sí lo lleva fervorosamente. Una estudiante jordana comparte la misma residencia de la Universidad Americana de Beirut con una chica saudí, o cristiana del interior del País, o de Siria.
Por ello, el discurso de los derechos de la mujer en el Líbano se encuentra con que cada comunidad religiosa tiene su propio ordenamiento jurídico –los llamados Estatutos personales– que permiten a cada grupo regular los asuntos legales sobre los bienes y las personas. A los ojos de Occidente, esto es considerado como un gran retraso en la aplicación de los derechos de la mujer, sin embargo, junto al Gobierno del Vaticano, para varios gobiernos occidentales, el Líbano representa el perfecto modelo a copiar en las zonas de conflictos raciales. (Sudan, Iraq, Israel, Serbia, Nigeria, entre otros)
El Estatuto personal, figura jurídica heredada del Imperio turco, permitía a las minorías religiosas tener el régimen jurídico adecuado a su religión.
En el Líbano se decantó en la instauración de legislaciones positivas para cada comunidad religiosa según sus propios principios. Esto ha dado lugar a que todo libanés esté inscrito en la comunidad que le corresponde por su profesión de fe. La mujer puede pasar por vía matrimonial a la religión del marido, o permanecer en su propio registro.
Socialmente, la comunidad influye mucho sobre cada persona. Se observa que la mujer oriental, sea de la religión que sea, es reconocida como el pilar de la familia, la garantía de la transmisión de los valores y los principios a las nuevas generaciones
Según estudios desprendidos en la Universidad de California, durante el 2008, se comprobó que, aun después de obtener un alto nivel económico y educativo, las mujeres árabes prefieren dedicarse a la familia y a la educación de los hijos. La libanesa en particular, presenta el equilibrio armónico entre “la columna vertebral del hogar y la fémina pionera en la sociedad”. Concluimos que el mantenimiento de roles tradicionales del hogar no se puede asimilar jamás al bajo nivel de educación.
No se ha estudiado aún la incidencia de los ordenamientos jurídicos en la toma de decisiones de las mujeres libanesas ante los problemas legales que pl
antea su afiliación a una determinada confesión religiosa. Desde luego, en nombre del islam se da un sistema de beneficencia paternalista, que cubre en el Líbano a más de la mitad de la población, lo cual ha generado conflictos sobre todo con mujeres extranjeras que se han casado con libaneses.
En la Práctica, el sistema legal imperante no es fácil de gestionar, pero al menos permite que se considere la existencia de instituciones y fundamentos jurídicos y multiculturales.
A la espera de que la configuración política de la región se pacifique, la situación de la mujer sigue transformándose por decisiones propias de cada una de ellas.
En un país que permite albergar tantos cambios, seguramente se podrá observar la evolución de las mentalidades orientales. El Líbano siendo “un ejemplo a seguir” puede aportar un terreno de libertad para que se desarrolle el modelo de familia en donde se respete lo novedoso y se permita disponer de la base necesaria para vivir y compartir cívicamente en un espacio de mutuo enriquecimiento y multicultural…. UCLV
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