LA VIRGEN MARIA EN EL ISLAM
Por A
bdul Nabi Chaaban
El Islam es la última religión, después de la judía y la cristiana. Los mensajes revelados por
Dios a su Profeta Muhammad, los cuales están compilados en el Corán, vienen –básicamente- a confirmar los mensajes divinos revelados por Dios a sus profetas Moisés y Jesucristo. En el Corán se citan, con más o menos detalles, cerca de 24 profetas y mensajeros de Dios, entre ellos: Noé, Abraham, Isaac, Ismael, Jacobo (llamado también Israel), Moisés, David, Salomón y Jesús. Esto no quiere decir que los profetas no citados no son reconocidos como tal por el Islam, sino que, sencillamente, Dios no los citó en el Corán. Referencias bibliográficas mencionan que ha habido 124.000 profetas a lo largo de la historia de la humanidad, de los cuales, sólo unos 314 son –también- Mensajeros de Dios.
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Alrededor de las diversas narraciones sobre algunos de los profetas, El Corán hace –igualmente- breves narraciones de mujeres relacionadas con estos:
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La esposa de Adán, la madre de toda la humanidad
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La esposa de Noé, como ejemplo de mal obrar
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La esposa de Abraham
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La esposa de Lot, como ejemplo de mal obrar
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La mujer que se enamoró de José, hijo de Jacobo, y quiso seducirlo
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La madre y la hermana de Moisés
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La esposa del Faraón, quien recogió y crió a Moisés cuando su madre o dejó en el río, por inspiración divina
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La mujer reina que se le rindió a Salomón
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La madre de María (la mujer de Imrán), hermana de Zacarías
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María, la madre de Jesús
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La esposa de Abí Láhab, ambos acérrimos enemigos del Profeta Muhammad
Entre todas estas mujeres, María ocupa un lugar de sumo privilegio en relación a las demás, descartando –por supuesto y de entrada- las mujeres mencionadas como ejemplo de mal obrar. El Corán dedica mayoritariamente el capítulo 19 a la historia de María y el mismo se titula “María”. Además, una cuota importante de versículos del capítulo 3 se dedica a María. Por otro lado, María es la única mujer que Dios la cita con su nombre, a diferencia de todas las demás mencionadas arriba, de las cuales –a excepción de María- ninguna se menciona con su nombre.
Más allá de estos dos hechos, María ocupa un lugar especial en los corazones de los musulmanes, quienes le rinden igual veneración como la que rinden a los propios profetas. A continuación se presentan algunos puntos relevantes, donde se aprecia la eminencia de María y su posición privilegiada en el Corán y, por ende, en la religión musulmana:
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María, antes de ser concebida, fue consagrada por su madre a Dios: “Acuérdate que cuando la mujer de Imrán dijo: ¡Oh Señor mío!, por cierto que te he consagrado, íntegramente, el fruto de mis entrañas, ¡Acéptalo!, porque eres exorable, sapientísimo” (3:35) (o sea, capítulo 3, versículo 35)
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La madre de María cumple su promesa: “Y cuando lo concibió, dijo: ¡Oh Señor mío!, he concebido una mujer! (ella esperaba concebir a un hombre a quién iba a dedicar a trabajar por la causa de Dios)..….Heme aquí, la he nominado María y la amparo en ti, a ella y a su descendencia, del maldito Satanás” (3:36)
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Estando María consagrada al servicio de Dios encerrada en un santuario, Dios le proveía comida, de una manera directa, incluyendo frutos que no eran de la época del año, siendo esto uno de sus milagros: “Su Señor la aceptó complaciente y la educó esmeradamente y la confió a Zacarías. Cada vez que Zacarías la visitaba en el oratorio, la encontraba provista de alimentos, y le decía: ¡Oh María!, ¿De dónde te ha venido esto? Ella le decía: ¡De Dios!, porque Dios agracia sin mesura a quien le place” (3:37)
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María fue purificada por Dios, y preferida sobre todas las mujeres: “Acuérdate de cuando los Ángeles dijeron: ¡Oh María!, por cierto que Dios te eligió, te purificó y te prefirió sobre todas las mujeres de la creación” (3:42)
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María fue escogida para la ocurrencia de uno de los milagros de Dios, que consiste en quedar embarazada –simplemente- por la voluntad y palabra de Dios y sin que ella tuviese la imprescindible relación sexual con un hombre: “Y de cuando los Ángeles dijeron: ¡Oh María!, por cierto que Dios te albricia con su Verbo, cuyo nombre será el Mesías, Jesús, hijo de María, noble en este mundo y en el otro, y contará entre los bienaventurados; y hablará a la gente en su infancia y en la madurez, y se contará entre los virtuosos; Dijo: ¡Oh, Señor mío! ¿Cómo podré tener un hijo si ningún hombre me ha tocado? Díjole el Ángel: ¡Así será! Dios crea lo que quiere, pues cuando decreta algo dice: ¡Sea! Y es” (3:45-47). Versículos muy similares se repiten en el capítulo 19.
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María fue agraciada con el hecho de que su hijo, Jesús, le habló al nacer, para tranquilizarla: “Pero el niño Jesús la llamó de debajo de ella diciéndole: ¡No te afliges, porque tu Señor ha hecho correr un riachuelo a tus pies!; Y tira hacia ti el tronco de la palmera y caerán sobre ti dátiles maduros frescos. Come, pues, bebe y consuélate y si ves a algún humano, dile: ¡Por cierto que he hecho un voto de silencio al Graciabilísimo, y hoy no hablaré con persona alguna!” (19:24-26)
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María fue agraciada con el hecho de que su hijo, siendo bebé, le habló a la gente, como un milagro, para que la gente dejara de acusarla de adúltera: “Regresó a su pueblo, llevándole en brazos y le dijeron: ¡Oh hermana de Aarón! ¡Tu padre jamás fue un adúltero ni tu madre una adúltera!. Entonces les indicó que interrogaran al niño, y le dijeron: ¿Cómo hablaremos al niño que aún está en la cuna?. (Jesús) Les dijo: Por cierto, soy el siervo de Dios, quien me concederá el Libro y me designará Profeta; me hará benefactor doquiera esté y me encomendará la oración, el azaque (diezmo) mientras viva; y me hará piadoso con mi madre, y jamás permitirá que yo sea soberbio ni rebelde; La paz fue conmigo desde el día en que nací, será conmigo el día en que muera y el día que sea resucitado” (19:27-33)
Con estas pequeñas muestras de versículos del Corán, se puede apreciar el elevado status y rango loable que tiene la Virgen María ante Dios. Su devoción y entrega total al servicio de Dios, le mereció que Dios le enviara el arcángel Gabriel para rendirle honores y conversar con ella. Igualmente, le mereció ser la escogida de Dios, entre todas las mujeres del universo, para materializar uno de sus grandes milagros: crear a Jesús, sin la actuación de un respectivo padre, mediante la voluntad y palabra de Dios.
El hecho de que la Virgen María haya sido honrada con una revelación divina, mediante el arcángel Gabriel, es tan significativo, tomando en consideración que no todos los profetas de Dios tuvieron tal deferencia, la cual fue restringida a sólo aquellos profetas que –también- fueron Mensajeros de Dios (unos 314 de 124.000). La diferencia entre Mensajero y Profeta radica en que, mientras el último sólo predica mensajes anteriores, el Mensajero predica mensajes nuevos revelados por Dios, directamente, como es el caso –único- de Moisés, o mediante el arcángel Gabriel, como lo es el caso del resto de los Mensajeros.
A parte de estos hechos, María es reconocida, por cualquier persona musulmana, por su devoción, nobleza y castidad. Su valentía, paciencia y fe le permitieron enfrentar su situación ante una sociedad incrédula y acusadora. El musulmán reconoce, con admiración, estas cualidades de María; admira su integridad, perseverancia y su total obediencia a Dios, al desafiar las acusaciones y calumnias de las personas que la rodeaban, haciendo ver la verdad divina.
Abdul Nabi Chaaban / UCLV













